Cultura política podría ser un “quesito” del Trivial o una asignatura de la licenciatura de ciencias políticas; pero lo que en realidad es, es algo que en nuestro país escasea y que nos hace estar a la cola de los países desarrollados en estos términos.
Si bien es complicado determinar una clasificación a partir de la cual pueda extraer mi conclusión de que estamos a la cola en estos términos, una definición aproximada a la cultura política es el conjunto de conocimientos y aptitudes hacía la política que tiene el ciudadano medio de un país o región. Añadido a esto, hay datos y encuestas sobre la población que nos pueden dar una idea de la cantidad o “calidad” de la cultura política de cada país. Por ejemplo: en estos últimos días existe un debate nacional sobre la erudita Belen Esteban, su hija, y las decisiones del Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid. Ante esta polémica el periódico La Razón publica una encuesta con diversas preguntas sobre la cuestión y entre ellas a la pregunta “¿Si se emitiera a la vez un debate entre Zapatero y Rajoy y otro entre Belén Esteban y Mª José Campanario (para quién no lo sepa es la actual mujer de Jesulín, gracias al cual se hizo famosa Esteban), cual de los dos eligiria ver? un 40% de los encuestados prefiría ver el debate entre Belén y Campanario y un 48% el debate entre los dos principales líderes del país (un 11% no supo o no quiso posicionarse). Vale que son más las personas que eligieron un debate entre los dos líderes políticos pero el 40% de población que está más interesado en saber los quehaceres de una exmujer de un matador de toros y su actual mujer (estos son sus mayores méritos entre los académicos, sociales, etc.)deberían hacernos reflexionar, y mucho.
De todos es sabido que este país todavía esta marcada por la frase de quién gobernó dictatorialmente durante 40 años “haga usted como yo y no se meta en política” y que muchos personajes públicos y políticos todavía conservan dejes e ideas de esa época y de esa ideología política que oprimió el país.
Pero quizás no sea excusa para que no haya en el colegio más énfasis en asignaturas, no se si como Educación para la ciudadanía, que consigan que nuestros jóvenes aprendan quienes nos gobiernan, porqué y cómo lo hacen. Tampoco es excusa para haya un 35% de abstencionismo marginal en nuestras elecciones generales cuando la “media” la encontramos en un 20% de abstencionismo. Ni mucho menos es excusa para que la ciudadanía todavía vote en menor número en elecciones autonómicas, municipales y, sobretodo y lo que es más grave, europeas por el mero hecho de que desconocen que competencias e influencia pueden tener en ellos dicha elección o por desconocer casi en absoluto que es la Unión Europea. Por todo ello, no es excusa que actuemos ante la preferencia de la población de programas de corazón en vez de en verdaderos debates políticos (y digo verdaderos porque los actuales, será para ganar audiencia, se parecen cada día más a programas del corazón) y que de esta forma podamos inculcar a nuestros ciudadanos los valores cívicos, democráticos, políticos y sociales que tanto faltan en España. Otro debate complejo y de larga duración que trataremos otro día es el del nivel necesario de proximidad por parte de la política a los ciudadanos, cosa que también puede ayudar a un cambio de mentalidad en la sociedad.
Es un trabajo difícil, no lo niego, ya que se trata de modificar las preferencias de la población al consumo en un mercado de televisión privada. También se trata de vencer la división política de intervenir más en los colegios a favor de la cultura política (una división que sería incluso mayor que la existente por Educación por la ciudadanía ya que no olvidemos que si ahora se debate sobre que moral y valores enseñar en el futuro se debatiría por valores políticos). Por el hecho de ser un trabajo difícil debemos aplicarnos ese principio que desde niños se nos enseño de “cuanto antes empecemos, antes acabaremos”, y mejor viviremos y nos relacionaremos.
Si bien es complicado determinar una clasificación a partir de la cual pueda extraer mi conclusión de que estamos a la cola en estos términos, una definición aproximada a la cultura política es el conjunto de conocimientos y aptitudes hacía la política que tiene el ciudadano medio de un país o región. Añadido a esto, hay datos y encuestas sobre la población que nos pueden dar una idea de la cantidad o “calidad” de la cultura política de cada país. Por ejemplo: en estos últimos días existe un debate nacional sobre la erudita Belen Esteban, su hija, y las decisiones del Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid. Ante esta polémica el periódico La Razón publica una encuesta con diversas preguntas sobre la cuestión y entre ellas a la pregunta “¿Si se emitiera a la vez un debate entre Zapatero y Rajoy y otro entre Belén Esteban y Mª José Campanario (para quién no lo sepa es la actual mujer de Jesulín, gracias al cual se hizo famosa Esteban), cual de los dos eligiria ver? un 40% de los encuestados prefiría ver el debate entre Belén y Campanario y un 48% el debate entre los dos principales líderes del país (un 11% no supo o no quiso posicionarse). Vale que son más las personas que eligieron un debate entre los dos líderes políticos pero el 40% de población que está más interesado en saber los quehaceres de una exmujer de un matador de toros y su actual mujer (estos son sus mayores méritos entre los académicos, sociales, etc.)deberían hacernos reflexionar, y mucho.
De todos es sabido que este país todavía esta marcada por la frase de quién gobernó dictatorialmente durante 40 años “haga usted como yo y no se meta en política” y que muchos personajes públicos y políticos todavía conservan dejes e ideas de esa época y de esa ideología política que oprimió el país.
Pero quizás no sea excusa para que no haya en el colegio más énfasis en asignaturas, no se si como Educación para la ciudadanía, que consigan que nuestros jóvenes aprendan quienes nos gobiernan, porqué y cómo lo hacen. Tampoco es excusa para haya un 35% de abstencionismo marginal en nuestras elecciones generales cuando la “media” la encontramos en un 20% de abstencionismo. Ni mucho menos es excusa para que la ciudadanía todavía vote en menor número en elecciones autonómicas, municipales y, sobretodo y lo que es más grave, europeas por el mero hecho de que desconocen que competencias e influencia pueden tener en ellos dicha elección o por desconocer casi en absoluto que es la Unión Europea. Por todo ello, no es excusa que actuemos ante la preferencia de la población de programas de corazón en vez de en verdaderos debates políticos (y digo verdaderos porque los actuales, será para ganar audiencia, se parecen cada día más a programas del corazón) y que de esta forma podamos inculcar a nuestros ciudadanos los valores cívicos, democráticos, políticos y sociales que tanto faltan en España. Otro debate complejo y de larga duración que trataremos otro día es el del nivel necesario de proximidad por parte de la política a los ciudadanos, cosa que también puede ayudar a un cambio de mentalidad en la sociedad.Es un trabajo difícil, no lo niego, ya que se trata de modificar las preferencias de la población al consumo en un mercado de televisión privada. También se trata de vencer la división política de intervenir más en los colegios a favor de la cultura política (una división que sería incluso mayor que la existente por Educación por la ciudadanía ya que no olvidemos que si ahora se debate sobre que moral y valores enseñar en el futuro se debatiría por valores políticos). Por el hecho de ser un trabajo difícil debemos aplicarnos ese principio que desde niños se nos enseño de “cuanto antes empecemos, antes acabaremos”, y mejor viviremos y nos relacionaremos.





